jueves, 1 de julio de 2010

09.00

carta a la otra cueva

pasar un día entero
sin hablarse a uno mismo
puede ser una actitud
o ascética
o altamente destructiva:
es muy austero de tu parte
guardarte
ahí, donde siempre
y mandarme aludes
de nada
gracias.
debe hacer frío en tu cueva, supongo.
en la mía, por si te vuelve a interesar,
sobre todo las paredes
son heladas,
y sobre todo muy charlatanas
(hasta me hice amiga de las dos que están cerca de la puerta)
mi última diversión:
agarrar una cucharita
y hacer albóndigas con el hielo
las pongo en una mesa
(pienso que podría venderlas a buen precio)
y las cuento
cuando son ciento cuatro
me detengo
y con un poco de remordimiento
las devuelvo a la pared.
en eso se basan mis días en la cueva,
de la que no pienso salir
a menos que me pases a buscar.
pero para eso tendrías que salir de la tuya
y, supongo, no te dan ganas.

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